Revolución Mutante

El sábado empezó ATR. Luis sabe que me voy a ir todo el día y se despierta temprano para que lo ayude a ponerse la ropa de deportes. Yo salgo rumbo a la Fiesta Nacional del Salame Quintero en Mercedes, Provincia de Buenos Aires, para grabar un video para el canal de Youtube de Clarín.

Backstage de Gigante de la Cocina en Mercedes,
Provincia de Buenos Aires

Nunca había ido a esa localidad y, si tuviera que juzgar por lo que vi en la fiesta y lo que me contaron sus vecinos, parece ser un lugar muy agradable. Junto a Pietro Sorba, Marce Ferreiro y Lucha Cigoj grabamos todo lo que podemos. Le hacemos notas a productores gastronómicos y también a paseantes que vinieron a pasar el día desde diferentes lugares.

En cada puesto nos dan a probar diferentes tipos de salame y otros chacinados. Vaya a saber qué ingerí en el apuro por ser cortés pero seguir grabando. Suspendo mi pretensión de vegetarianismo en pos del intercambio social y la curiosidad. En una parrilla a Pietro le ofrecen un sándwich de carne pero le parece demasiado para él y pide la mitad. Me asombro de mi velocidad de reacción al decir:

-Y la otra mitad para el camarógrafo.

Mientras comemos, sentados cada uno en el extremo de un tablón, le digo a Pietro que me gusta salir con él porque ligo un montón de comida rica. Pero lo que no le digo es que me gusta porque es un nexo interesantísimo con la historia y la cultura universal. Me dan ganas de conocer con Pietro las fiestas gastronómicas de diferentes lugares del país y también de que a él lo conozcan más en Italia, su país natal. Que para los otros tanos se convierta ese compatriota extraviado en Argentina mediante el cual pueden conocer más de una cultura parecida a la de ellos. Que les cuente cómo continuó la historia de las recetas que ellos trajeron en los barcos, al combinarse con otras tradiciones e ingredientes (o cómo la comida de Europa tuvo que viajar tantos kilómetros para hacerse amiga). Y pienso que tal vez con este nuevo formato eso puede empezar a suceder.

Más tarde compro un frapuchino para poder grabar cómo lo preparan y me lo tomo mientras entrevisto a un inmigrante venezolano que vende gin artesanal en un puesto con el estilo de los Duques de Hazard. Me interesa esta posibilidad de volver a transitar el periodismo. Ya hice muchas entrevistas a políticos, deportistas, científicos, militares y futuros docentes para los documentales que me tocó llevar adelante. Esto es parecido, pero en un medio distinto.

Pietro es de la Sampdoria y ese día juega contra el Milan. Va siguiendo el desarrollo el partido en su celular mientras viajamos en la combi de regreso a la gran ciudad. No me lo imaginaba futbolero. Me acuerdo que cuando era chico veía a la Sampdoria porque lo pasaban en la televisión de aire, creo que en Canal 9. En esa época jugaban allí Ruud Gullit y Roberto Mancini. Me considero post futbolero. Me sigue interesando la parte social del fútbol, sus historias y sus metáforas pero ya no me importan tanto los resultados.

Desde Mercedes transporto un quesito gouda hasta una cena de editores en Núñez. Es un éxito. A la mayoría no los conocía demasiado y me caen muy bien. Tenemos la tarea de dirigir la asociación de editores audiovisuales más piola por los próximos tres años. Pero en la charla se pone de manifiesto mi crisis de identidad. Si bien no tengo dudas de que soy editor audiovisual porque trabajo de eso desde hace mucho y también porque pienso con elipsis, también soy realizador porque dirigí unas ocho series de televisión.

Crisis resuelta. Me interesa una nueva categoría de editores de video que me invento: «Les editores Y». Aquellos editores que no dudan de su identidad de montajistas pero que también hacen y quieren hacer otras actividades profesionales con una pasión equivalente: escribir, diseñar, actuar, hacer música, cocinar, etc. El mundo debe estar lleno de Editores Y. Quiero conocerles.

Mientras tanto, en Buenos Aires a Luis se le desprende el diente que tenía flojo mientras está en la pileta del Club Ferro. Como se queda a dormir en lo de la abuela, extrañamente el Ratón Pérez le deja 2 dólares pero no se lleva el diente. Entonces pienso que es una buena oportunidad para que el ratón pase de vuelta esa noche, esta vez por la casa de su mamá. Pero cuando volvemos hacia ella nos olvidamos el diente. A partir de entonces la historia se vuelve cada vez más retorcida. Le propongo probar suerte dejando el diente bajo la almohada la semana siguiente. Aunque, ¿cómo hacemos para avisarle al ratón de esta postergación? ¿Acaso pasa todas las noches por todas las casas a ver si hay un diente abajo de la almohada de cada chique? ¿Cuánto estoy suspendiendo mi pretensión de honestidad? Hay tantas que no sabemos sobre como funcionan las cosas.

Todxs amamos a Miguens

El lunes sigo trabajando en el segundo documental de Fernando de la Orden y flasheo que estoy editando el segundo documental de Werner Herzog. Para el almuerzo le compro una tarta de brócoli a Miguens:

-Vení en 5 minutos que la caliento.

-¿No está para comer así?

-Está tibiona.

-Me gusta lo tibio.

-¿Es mejor ser tibio o caliente?

-24 grados.

Pienso en comprar acciones de la empresa. Mientras espero el subte bailo un solo de guitarra en el andén. Se suceden ideas para series de videos una tras otra: un reality en la redacción de un diario, anticuerpos para fake news, los personajes más destacados de cada provincia.

Artista callejero en estación Carlos Pellegrini

Por suerte la reunión de consorcio es bastante ágil. A la salida una vecina me cuenta que la vice presidenta Cristina Fernández de Kirchner twitteo la tapa del diario, a raíz del título de una columna editorial. Me dice que «causó revuelo».

¿Qué significa este tweet? ¿Cristina lo muestra como la prueba de una conspiración? ¿Como un escrache? ¿O acaso hay algo más allá de lo aparente? ¿Es solo lo obvio o hay algún tipo de mensaje cifrado detrás?

Me detengo un instante a pensar en cómo a través de las redes sociales accedemos a notas de todos los medios del país y del mundo y no me puedo imaginar como era la época en la que nos conectábamos con nuestro entorno político a través de uno o dos medios solamente. Y fue hace tan poco.

También estoy contento porque me animé a escribirle a mi prima Lucy de Inglaterra y me respondió con un entusiasmo similar al mío. Es una conexión con una parte importante de mi historia. Son las nietas de mi tía Julia. Recuerdo que de chico veía una foto de ellas en la pared de la casa de mi abuela. Dos niñas pelirojas sonrientes.

Tenemos el mundo en la palma de la mano y no sabemos bien qué hacer con él.

El martes muere Jean-Luc Godard y me entero mediante un tweet del periodista especializado en cine Diego Trerotola. No me imagino una forma más apropiada de enterarme de esta noticia. Si bien hace mucho que ya no estaba en contacto con Godard, en mi etapa de estudiante me gustaban mucho sus películas y su personalidad. Sin dudas fue un creador que amplió los límites película tras película. En cuanto a Diego, me lo crucé en un montón de funciones en esa época, en la Sala Leopoldo Lugones y en el Malba.

El miércoles hay asamblea de trabajadores en la redacción. Cuando después de su oratoria el delegado invita a la participación y nadie toma la palabra, levanto la mano con bastantes dudas. Primero celebro la iniciativa de la comisión interna de hacer una petición moderada, madura y dialoguista para que la empresa tenga a bien considerar la posibilidad de incrementar nuestros salarios, que desafortunadamente van perdiendo poder adquisitivo aceleradamente a causa de la creciente inflación. Recuerdo que una vez leí que Dinamarca es el país con mayor sindicalización, ¿acaso será así el sindicalismo nórdico que es tan exitoso y funcional?

Luego recuerdo el colegio secundario y, como soy bastante nuevo en este ámbito, le pregunto a mis compañeros si alguna vez pensaron en la posibilidad de tomar el diario. En mi cabeza comienza una película: la edición web con la leyenda «tomado por sus trabajadores» debajo del logo, al menos por un día. Incluso empiezo a imaginar que esto levanta las ventas y amplía el público de la marca. La redacción de un diario atravesada por los vaivenes y conflictos socioeconómicos del país, que así y todo sigue adelante y puede incorporar el conflicto en su narrativa, fortaleciendo su identidad.

El delegado me explica muy didácticamente que ese tipo de acciones no se deciden en asambleas y se dejan para casos extremos como despidos masivos, pero que cuando eso en efecto sucede el diario toma las medidas pertinentes para resguardar su correcto funcionamiento, como poner vallas en la puerta y reforzar la seguridad, por lo cual tampoco son posibles aún en casos como ese. Me interesa conocer más de la historia de esta redacción.

Asamblea de trabajadores de Clarín, tomada
del twitter de @delegadosclarin

Mientras ocurre este diálogo, pasa caminando junto a nosotros uno de los principales editores del diario. Fue quien me entrevistó para entrar en la empresa durante la pandemia (soy un «pandemial»). Recuerdo la sensación de entrar en la redacción desierta, un mundo nuevo postapocalíptico. Él fue muy amable, supongo que se puso en mi lugar de recién llegado a un ámbito desconocido.

Nooooo, Infobae pone que Los 400 golpes y Cléo de 5 a 7 son películas de Godard. Cerremos todo.

Al día siguiente me sorprendo de repercusión que tuvo mi pregunta en la asamblea. Algunos compañeros del equipo de video me reciben con un meme con mi cara. Miedo. Les digo que me van a echar a la mierda. Por otro lado, siempre creí que las preguntas eran más importantes que las respuestas pero esto no me lo esperaba. ¿Y quién soy yo para decidir quién hace un meme y quién no? ¿Y dónde lo pone? ¿Cuántos problemas de acá en más voy a tener por una pregunta y un meme?

En cuanto lo que pusieron de una revolución, bueno, qué se yo. Me causa gracia. Todos queremos cambiar el mundo. De hecho el mundo no deja nunca de girar. Lo raro sería querer detener el cambio. Seamos alegres, lo demás no importan nada. ¿La revolución de la alegría? Mmmm. Rari.

Recuerdo que una vez pensé en un personaje que tenía olvidado llamado Jacinta White, que dirigía un noticiero llamado Revolución Mutante.

El jueves al saludarme uno de mis jefes me deja en claro que está al tanto de mi pregunta. No me sorprende, pero me da curiosidad. ¿Cómo le habrá llegado la noticia de que hice una pregunta en la asamblea? ¿Quién se la contó? ¿Cómo se habrá deformado en el camino? ¿O la habrá visto en directo a través de la transmisión por zoom de la asamblea? Me acuerdo de cuando era chico jugaba al teléfono descompuesto. Me encanta mi trabajo porque me hace acordar a esa época.

Al cierre de esta edición, Luis me pregunta: «Pa, ¿ese video en el que te dan un sandwichito es de la vida real?»

2 respuestas a «Revolución Mutante»

  1. Amé cada anécdota de tu escrito, pude imaginar cada situación, gracias! Y qué viva la revolución!

    Me gusta

    1. Hola! Qué lindo comentario que me hacés!! Muchas gracias 🙂

      Me gusta

Replica a Ema Flax Cancelar la respuesta