Top One

Después de leer los últimos posteos, amigos y hasta compañeros del trabajo me empezaron a preguntar por Agustina. 

-¿Y qué pasó? ¿Volvieron?

Creo que ahí fue cuando me di cuenta que mejor daba de baja el blog por vez número mil. Y sin embargo acá estoy. De vuelta. Una vez más.

Sí, volvimos por un tiempo. Y nos volvimos a separar. 

A partir de entonces entré en una espiral de ideas, de entusiasmo, de ganas de llevar adelante cosas. Todas iban conectando con otras. 

Un noticiero conducido por capibaras. Un club en el que mi hijo se pueda hacer amigo de les hijes de mis amigxs. Una agencia de comunicación divertida llamada Burbuja. Una comunidad de adolescentes que se acompañen en la búsqueda vocacional: ¿Burbuja Camp? ¿Burbuja Park?

Me empezó a pasar que le contaba estos esbozos de proyecto a otras personas y, a diferencia de otras épocas, más o menos parecían encontrarle sentido. Como que les cerraba bastante lo que les estaba diciendo.

Una tarde fui a comprar zapatillas y en el local de Topper sonaba Black Sabbath. Hace poquito había muerto Ozzy Osbourne y todo el mundo estaba escuchando sus temas clásicos. Realmente escuchar Paranoid sorpresivamente y en un contexto inesperado me llenó de energía. 

Me dieron muchas ganas de contarle esto a Agustina, porque a ella le gustan mucho la música y las zapatillas. Y como me respondió al toque y nos pusimos a chatear, me tentó hacerle algunas preguntas en las que había estado pensando: 

-¿Por cuanta plata me matarías?

Me dijo que estaba en el Top One de preguntas más raras que le habían hecho y le puso un precio bastante elevado a mi cabeza. Así que quedé bastante conforme con la conversación. Ya ni me acuerdo cuales eran las otras preguntas que quería hacerle. 

En esos días empezaron a volver también algunas ideas por las que ya había pasado en otras épocas. Una serie de figuritas. Un podcast con mis amigxs. Una película. Pero volvían con otra forma, después de estar años en reposo. Como que esta vez parecían estar un poco más cercanas a la realidad. 

También aparecieron las ganas de una colección de fotos de infancias, un museo de juguetes de todas las épocas, un periódico de noticias dulces y fantasiosas llamado Klarinet, una criptomoneda. Y burbujas, siempre burbujas. 

También me entusiasmé bastante con formar una comunidad en Argentina de personas que hablen los diferentes idiomas del mundo. Como un club de español para extranjeros pero que en realidad también sea un espacio de intercambio cultural, de mezcla entre cosmovisiones. 

Una noche después del trabajo estoy en el súper chino agarrando pan en una bolsita y escucho que, a unos metros, una chica le dice al carnicero algo de Kazajistán. 

Espero a que termine de comprar y me acerco a hablarle:

-Disculpá, escuché que dijiste algo de Kazajistán y me dio curiosidad.

-Sí, soy antropóloga y profesora de español para extranjeros. Y tengo una alumna de Kazajistán.

¡Claro! ¿Cómo no se me había ocurrido empezar a buscar por ahí las bases de esta comunidad cosmopolita que me estoy imaginando? A través de profesores de español para extranjeros.

Ahora bien, daaale. 

¿Cuántas posibilidades había de conocer a alguien como ella en el supermercado justo en éste momento?

Me quedo pensando en la suerte, el universo y bla. 

Pero nunca me gusta sacar conclusiones. 

Un día se me ocurre preguntarle a Google por el significado del número 23, uno de mis números preferidos. Me sorprende que esté asociado a la creatividad y la transformación, la sincronía y la manifestación de deseos, el equilibrio y la armonía. También se asocia a la conexión entre lo terrenal y lo divino. 

El 23 es el día en el que nací y también el de mi camiseta de fútbol en el equipo de la secundaria, al igual que el de la camiseta de Michael Jordan y el buzo del Dibu Martínez. 

Me propongo intentar ser una persona genial con la que tal vez algún día Agustina quiera volver a estar. Aunque no creo que lo logre, lo voy a intentar. 

Y tal vez, como de costumbre, las fallas en el sistema me conduzcan a otro lugar extraño e inesperado. O muera en el intento.

Foto de Mirabilitt

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