Abro los ojos y me alegra que el día está soleado, después de una semana bastante intensa. Me quedo un rato en la cama y reviso mi nueva presentación de Ok Cupid. No me convence, pero bueno… nunca me convencieron estas presentaciones. Empieza diciendo que soy “fan de los abrazos y los mimos”. Aunque me parece bastante goma, de mi última mini relación descubrí que es algo que me gusta particularmente. No me dan ganas de volver a estar con personas ariscas.
Durante la semana traté de ponerle onda al otoño, de mirarlo con cariño, pero los días de lluvia no fueron de mucha ayuda. Ver las hojas mojadas apelmazadas contra la vereda, pudriéndose, mientras camino hasta el subte para ir al diario no fue la imagen que más contribuyó a mi estado de ánimo.
El jueves eligieron al nuevo papa. Yo estaba en mi escritorio a punto de levantarme para comprar el almuerzo y de repente alguien grita: “¡Hay humo blanco, hay humo blanco!”. Todos nos ponemos alerta. “¡Rápido! ¡Un loop para la home del diario y un short para Youtube! ¡Ya!” Mientras algunos se ponen manos a la obra, otros están expectantes frente a los televisores. Las cámaras encuadran el balcón central de la Basílica de San Pedro, esperando que llegue el anuncio.
Finalmente sale el cardenal protodiácono y dice la famosa frase que todos están esperando: “¡Habemus papam!” A continuación anuncia que el encargado de dirigir la Iglesia Católica será Robert Prevost. “El de Estados Unidos”, escucho decir por ahí. No tengo ni la más pálida idea de quién es e inmediatamente pienso que no parecen buenas noticias si acaso está alineado con el presidente de ese país. Tampoco me parece auspiciosa la elección del nombre: León XIV. Me pregunto cuánto tardará nuestro presidente en twittear alguna pelotudez en relación a esto. Creo que gran parte del país pensó lo mismo y, efectivamente, tardó muy poco.
Sin embargo, a lo largo del día, mientras vamos editando los videos sobre el flamante papa, me voy dando cuenta de que parece un personaje piola. Era bastante afín a Francisco y realizó gran parte de su trabajo en Perú, país del que también tiene la nacionalidad. Por otro lado, tomó su nombre de León XIII, un papa que es recordado por su defensa de los derechos de los trabajadores, en una época signada por la revolución industrial.
Mi amiga Vero me manda un meme en el que se ve a Francisco sentado, pensativo: “¿Y si les meto a un peruano camuflado de yankee? Seh, ya fue.” Me hace reír. Si bien me cuestiono un poco por estarle prestando tanta atención a cuestiones religiosas, me parece que en este momento el cristianismo progresista es una fuerza que levanta la voz ante algunas de las calamidades del capitalismo desencadenado y la proliferación del fascismo en el mundo. Y un papa insensible a la guerra y las injusticias sociales alinearía las fuerzas en una dirección aún más catastrófica.
Cuando todo se calma salgo un rato a la terracita. Me encuentro con un editor de fotos y le pregunto si fue mucho quilombo el día. “Nah… nada se compara con el día que eligieron a Francisco”. Claro, Jorge Bergoglio no estaba en los planes de nadie y empezaron a llamar al diario desde medios de todo el mundo para pedir fotos. No daban abasto. La cara con que me cuenta esto transmite la locura que debe haber sido ese momento.
El sábado aún queda un video por hacer para terminar la semana. Es sobre las diferencias entre las visiones de León XIV y Donald Trump. Reviso la edición desde el teléfono y al comienzo se pone el foco en una respuesta en redes de Prevost al vicepresidente de Estados Unidos, a propósito de la inmigración. Mientras que J.D. Vance había postulado que el amor más importante era el de la familia, Prevost le responde que Jesús no nos pide que hagamos un ranking al momento de amar. In your face, Vanon! Hasta tiene la sonoridad de una frase del Indio Solari o Einstein.
Al rato Kestel nos manda al grupo de amigos fotos de su hijo Feli por primera vez en la cancha de Racing, el Cilindro de Avellaneda, donde fui tantas veces con mi abuelo. Está feliz. Parece que una amiga de una amiga de la mamá tenía entradas y lo invitó. Una sorpresa que se dio a último momento y, cuando le contaron, lloraba de la emoción. Feli eligió hacerse de Racing a pesar de que no es el equipo de su familia. Un hincha autoproclamado. Y aunque esa noche Racing finalmente pierde 1 a 0 con Platense, a todos nos alegra la tarde compartir ese momento a la distancia.
Finalmente llega el domingo. Salgo de la cama y preparo el desayuno para Luis y para mí. Las tostadas con palta están particularmente ricas. Después lo llevo a un cumpleaños y, como llegamos temprano, veo cómo van apareciendo los demás chicos, cómo se saludan y conversan. Después pienso en volver a casa a pasar el resto del día tirado en el sillón escuchando música como lo había visualizado, pero el clima de otoño espectacular me invita a caminar un rato por una plaza. Hay poca gente, está todo muy tranquilo. Mientras doy vueltas a la manzana pongo especial atención a los colores de las copas de los árboles. Lucen hermosas y me detengo para sacar algunas fotos, aunque la cámara de mi teléfono parece del siglo pasado.
En la fila de la hamburguesería, una nenita baila breakdance. Almuerzo al aire libre y pienso en twittear alguna de las imágenes de otoño, con parte de esta breve sucesión de situaciones alegres en un día que parece no tener sombras. Pero de repente me viene a la mente la gente muriendo por las bombas en ese momento. No sé quienes son, ni donde están, pero seguro está pasando eso en algún lugar del mundo. También podría haber pensado en los que no tienen para comer, en los que duermen en la calle, en los jubilados descartados por el gobierno, en Pablo Grillo, en la gente con cara de tristeza que me acompaña todos los días en el subte. Empiezo a sentir incomodidad por querer compartir mi estado de felicidad en las redes. También por preocuparme en tratar de conocer a alguien con quien poder reírme y sentirme bien.
Agarro el auto y subo a la autopista, preparado para chocar. Pero finalmente llego a casa y pienso que mejor me pongo a escribir para acomodar un poco estas contradicciones que nos atraviesan a todos. Y seguro un rato para estar tranquilo escuchando música antes de irme a dormir me va a quedar.

Deja un comentario