Empiezo el año con objetivos modestos en comparación a otras épocas. En el último tiempo estuve sufriendo bastante el proletariado argentino, el hecho de que a pesar de tener un trabajo de tiempo completo no pueda juntar dinero para irme de vacaciones o pagarme un curso que quiero hacer.
Pero en el diario me toca editar un video sobre el Estado Islámico. Cuando uno edita un video periodístico se conecta por un tiempo con un tema determinado que tal vez no eligió y las atrocidades de ese régimen me ayudan a reconciliarme con mi situación.
Cada vez que aparto la cabeza del monitor, hay una tele con un canal de noticias que transmite todo el tiempo las novedades del juicio de los rugbiers que mataron a golpes a otro chico en un boliche. Por supuesto creo que es aberrante. Una completa locura. Pero pienso que no solo tendríamos que condenar a los asesinos sino también pensarnos un poco más como la sociedad que los engendró. También creo que en el infierno perfecto no debería faltar un televisor con el noticiero.
Otro día me toca ir a grabar una entrevista con Enrique Macaya Márquez, sin dudas el comentarista de fútbol más famoso del país. Tiene 88 años y cubrió 17 mundiales, incluido el último. Su voz era el ruido de fondo de los partidos de cuando era chico y su sonrisa brillante debe de ser de las más lindas del país. Me hace acordar a la de mi bisabuela y no duda en desplegarla cuando nos saluda.
Es la segunda vez que coexisto en el mismo espacio con Macaya. La primera vez fue cuando vino a visitar mi escuela primaria en el barrio de Flores, ya que el también había asistido a ese establecimiento. Somos como compañeros de escuela, aunque en diferentes épocas. Pienso en decírselo pero veo que está bastante apurado y no le digo nada.
Mientras volvemos al diario en un auto, Dante, mi coequiper, me pregunta por el blog. Le cuento que había dejado de escribirlo y no estaba pensando en volver… pero… un momento…
-¿Qué, lo leías?
-Sí, leía cada vez que veía que publicabas algo nuevo.
Me sorprende que un chico de veinti pocos años lea lo que escribo. Pienso que eso es un montón. Así como las otras personas que me leían y me enviaban comentarios y buena onda.
En la redacción, a otro compañero de trabajo le cuento que fui a grabar una entrevista con Macaya Márquez. Pero no sabe quién es. Ni siquiera le suena. Ni una pista.
Más tarde, en el balcón, un periodista de último momento recuerda una frase célebre que atribuye este comentarista: «si la pelota hubiera entrado, era gol». Pero después googleo y parece que lo dijo otro. Una lástima, le quedaba bien a Macaya.
Mientras tanto, Bizarrap publica un tema que hizo con Shakira y no podría importarme menos. Pero en Facebook, todxs tienen algo que decir al respecto. Un sociólogo argumenta contra la monetización de la infidelidad y un periodista deportivo solo escribe para manifestar que no le da importancia al suceso. Pero todxs tenemos algo que decir.
El año anterior empecé este blog justo después de que intentaran asesinar a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y líder política de una gran parte de la los argentinos y argentinas. Pensaba en la comunicación y en el odio. No tenía muy en claro qué era lo que buscaba pero sentía como una necesidad inexplicable, un vacío. Creo que en definitiva en parte lo que quería era comunicarme. Pero sobre todo poner un granito de arena para que nos tratemos un poco mejor.
¿Habríamos salido campeones del mundo si mataban a Cristina?
Y si acaso sí, ¿cómo habría sido?
Cuelgo este posteo indefinidamente. Me doy cuenta de cuánto me estoy exponiendo al escribir. Mostrar parte de lo que pienso, de lo que siento. Siempre tengo en cuenta el refrán que dice que es mejor quedarse en silencio y que piensen que sos un boludo, que abrir la boca y confirmarlo. Sin embargo también lo disfrutaba. Dudo. Me olvido. Recuerdo. Dudo. No publico.
Entre los highlights de este año, un día estaba preparado la puesta para grabar una entrevista y ni sabía quién iba a venir. Cuando pregunto, me dicen que Santiago Motorizado. Qué sorpresa. Es el cantante de la banda que más veces fui a ver, cuando aún tocaban en sucuchitos. Cuando llega, le digo que me gusta mucho su banda y le pido una foto. En general siempre creí que no era cholulo, pero de repente me doy cuenta que con las cosas que me importan un poco sí lo soy. Después de la grabación, un compañero le está sacando fotos en el sillón y yo ya me tengo que ir. Entonces me siento al lado de él por un instante y Santiago reclina su cabeza junto a la mía. Mario hace clic y después me regala la foto.
También me tocó grabar una serie de entrevistas con escritoras, entre las cuales se encontraba Mariana Enríquez, la más mentada de la actualidad. Tuve la posibilidad de pasar un día con ella, porque la grabación fue en castillo del siglo XIX en Vuelta de Obligado. Así que fuimos juntos en la combi y conversamos un buen rato. Luego, como me cayó muy bien, se me ocurrió escribirle para hacerme amigo y no me dio pelota. Que ideas las mías.
Por último, formo parte de la mayor producción de la historia del equipo de video del diario hasta el momento. Un documental sobre la violencia en Rosario. Una vez más, no es el tema que habría elegido, pero aprendo un montón. Voy por primera vez a una cárcel (lamentablemente, no sería la última). Conozco a narcotraficantes, fiscales, al intendente. No puedo evitarlo, todos me parecen muy simpáticos.
Entre los narcos, Esteban Lindor Alvarado era un chico que eligió no ir a la escuela secundaria y aprendió el oficio de ladrón de autos hasta ser el mejor de la ciudad. El «Guille» Cantero se crío en una familia siempre al margen de la ley y ni siquiera completó la escuela primaria. Al peruano Granthon le brillan los ojos cuando habla de la plata que ganaba trayendo droga desde su país natal.
El estreno de esa película coincide con el cierre de año y finalmente sí logro irme una semanita a Mar del Plata con el aguinaldo. Consigo un departamento súper barato a una cuadra de la playa. Cuando entramos, Luis dice: «¡Wow! ¡Parece un hotel de tercera categoría!». No sé bien qué significa eso, pero por el entusiasmo con el que lo dijo, supongo que en su cabeza es algo muy bueno.
En el mundo se superponen tragedias y alegrías todo el tiempo. Ilusiones y desilusiones. Lo aparentemente sublime y lo aparentemente banal. También hay rachas. Tal vez a veces toca mantenerse vivo a la espera de una que las cosas mejoren. Si me pongo el chip del optimismo estoy muy agradecido de lo que me toca.
Está medio nublado pero vamos con buzo a saludar al mar. Luis desborda de la emoción. Chapotea, se moja las manos, le habla a las olas. A esa edad todxs somos poetas.
Le señalo la vista de la ciudad, que se extiende sobre la playa hacia el sur. Me dice:
-Parece Nueva York, solo falta la estatua.

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