Hace un tiempo, Luis me pidió que hiciera aparecer a los personajes de los dibujos animados que le gustan en el living del departamento. Le expliqué que no sabía hacer eso y me dijo que sí, que con la computadora se podía.
Después de charlar un rato entendí que había visto en algún video de youtube que otrxs nenes interactuaban con personajes y entonces claro, entendí que eso se podía hacer en una pantalla mediante posproducción, pero le expliqué que no podía traer los personajes a nuestra casa como el pensaba.
Lo que que hicimos entonces fue una imagen en la que conbinamos mediante photoshop, bastante rudimentariamente, su imagen recortada con algunos personajes de un videojuego: Poppy Playtime. Y también le metimos una Peppa medio siniestra.

Después fuimos a la vieja casa de fotos del barrio, que aún conserva el típico cartel de Kodak, y la imprimimos. Me acuerdo de la cara de emoción contenida que tenía ese día cuando le mostraba la foto impresa a una de sus abuelas Silvia y a su tía Rocío. Y al día siguiente a su mamá.
Se ve que la foto le siguió gustando, porque la llevó a la escuela. Y en el recreo, algún compañerito o compañerita se la cortó al medio. Con su propia tijera. Justo por dónde estaba él.
Cuando me contó esto a la noche, ya lo tenía bastante superado aparentemente. Le pregunté si se había enojado y me dijo que no, que se había puesto triste. Y eso me pareció demasiado genial.
En general, entendería más que la primera emoción ante un hecho violento intencional sea la bronca, el enojo. Y recién después la angustia. Pero pasar directo a la tristeza me parece casi un salto evolutivo. Es pasar directo a la desolación por lo ocurrido sin querer revancha, sin querer devolverla. Ojalá se mantenga así.
Según su relato, en la escuela lo llevaron a dirección para consolarlo y le pegaron la foto con cinta scotch. Luego explicaron en el aula a todxs que eso no se hacía, pero sin buscar culpables, ni señalar a nadie.
A la mamá de Luis se le ocurrió que tal vez quien cortó la foto fue una manifestación porque tal vez quería tener una similar. Es una posibilidad. No se me había ocurrido.
Pero este pequeño hecho me dejó pensando bastante. Así que, si bien “son cosas de chiques”, lo conté en el grupo de whatsapp de madres y padres de la escuela. Simplemente para compartirlo, para que supieran que esto había sucedido. También les propuse que si alguien quería una foto similar, con gusto se las haría a cambio de $3000.
No, mentira. Las haría gratis. Incluso me parece un buen plan para hacer junto a Luis.
Muchxs me agradecieron por contarlo y dijeron que lo hablarían con sus hijxs. ¿Qué iban a hablar? ¿Qué les iban a decir? Ahí empecé a dudar sobre cómo lo plantearía cada uno. Y empecé a temer por el teléfono descompuesto.
Pero bueno, si bien siempre es una posibilidad que lo que alguien dice sea interpretado de una forma diferente a la deseada, aún así me parece que la comunicación es lo más importante. Ejercitarla y cuidarla.
También me da bastante alegría saber que la foto era tan significativa para Luis. Y creo que al ser cortada y pegada con cinta scotch, esa imagen vale mucho más que si esto no hubiera ocurrido. Me gustan las imágenes con historia.

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