Múltiples futuros

Hace poco me contacté con Francisco «Pancho» Santolo, un ex compañero del colegio. Después de estudiar economía en la Universidad de Buenos Aires, lideró corporaciones multinacionales y realizó maestrías en otras universidades prestigiosas, entre ellas Harvard, Stanford y Chicago. La revista Forbes se refirió a él como el hacker de las startups y fue orador de TEDx en Panamá.

Además todo esto, Francisco es una persona muy agradable y simpática, lo cual facilitó mucho que yo le escriba para felicitarlo por sus logros. Creo que ser una persona amable siempre facilita las cosas. Si a una persona amable y generosa le va bien, es más probable que el prójimo se alegre por ella y no sienta envidia. Francisco me respondió muy alegremente y me dio una beca para el curso de su academia de networking, emprendimientos e innovación, llamada Scalabl.

Francisco Santolo, durante su primera charla TEDx

El lunes a la tardecita hicimos una videollamada, para charlar un rato después de tantos años sin hablar. En un momento de la conversación, ya no recuerdo bien a raíz de qué, le digo que si escarbás lo suficiente siempre llegás al absurdo. A Pancho le llama la atención la frase y la anota.

Me da un poco de vergüenza comentarle sobre mi posible futuro emprendimiento de figuritas coleccionables. Sin embargo esta idea ya tuvo un interesante recibimiento entre mis compañerxs de trabajo más cercanos y también por parte de mi nuevo amigo Darío, quien tal vez tiene una fe desmedida en mi visión. También fue acogida con entusiasmo por un grupo de vendedores ambulantes a los que me acerqué a contarles mi idea, cuando los vi reunidos en el andén de subte de la estación Plaza Italia. Se mostraron entusiasmados por vender estas figuritas de las que le hablé y me dejaron su contacto.

Figuritas Basuritas, que juntaba cuando era chico

El miércoles hubo asamblea en el diario Clarín. Pocos días antes hubo una reconsideración de paritarias en la que, a diferencia de lo que ocurrió con otras actividades productivas, el porcentaje de aumento anual quedó intacto: 60%. Mientras que los camioneros reclaman el 131% y los aceiteros cerraron con un 100%, los trabajadores de prensa vamos empobreciéndonos año tras año. Al terminar el diálogo, el delegado supremo nos motiva para hacer un «ruidazo», y todos los participantes se enganchan en este ritual extraño que solo es posible por la falta de comunicación entre la empresa y les trabajadores.

Un delegado me sugiere que grabe la performance con mi teléfono y al llegar a casa edito las imágenes en una mezcla de panfleto y pieza informativa en primera persona. Se me ocurre poner que el sujeto sea «muchxs trabajadores…». Luego, en su publicación de Twitter, los delegados cambian el sujeto a «las y los trabajadores». Me llama la atención este desfasaje, esta pequeña grieta. A mí me interesa que no somos todxs quienes participamos de la asamblea, ni quienes asumimos nuestra condición de trabajadores, ni quienes estamos disconformes con la disminución progresiva de nuestro poder adquisitivo. No me interesa pretender homogeneidad donde no la hay. Me parece más apropiado asumir las disidencias y ver cómo gestionarlas. También me parece razonable que haya un diálogo entre la empresa y la comisión interna.

El sábado llevo a Luis a educación física en el club y me quedo en la muestra de pileta. Junto a otrxs padres y madres vemos cómo los chicos disfrutan de las actividades que les proponen les profesores. Tal vez sea un padre baboso, pero estoy seguro de que Luis es mucho más alegre, sociable, inteligente y sensible de lo que era yo a su edad. Al final, todxs les chiquis gritan con alegría cuando les dan cinco minutos de pileta libre.

El futuro nos observa

Vuelvo a casa y termino el curso de networking e innovación un poco apurado. No quiero perder la posibilidad de graduarme y pasar a formar parte de esta comunidad internacional de emprendedores. Luego acudo al brindis por la asunción de la nueva comisión directiva de la Asociación Argentina de Editorxs, de la que formo parte. Allí me encuentro con mis colegas, entre ellxs con Lucía Torres Minoldo, una editora de Córdoba a la que también le gusta mucho escribir. Me da vergüenza no haber leído aún su blog Días de Montaje pero me alegra finalmente conocerla personalmente. Justo cuando estoy por decirle que mi compañero de oficina también es de Córdoba para mantener viva la charla, se va a hablar con otro montajista más interesante.

Lucía Torres Minoldo retratada por Nadir Medina

Este año tal vez sea el más variado y activo de mi vida. Siento que revivió esa curiosidad infinita que tenía en los años de secundaria en los que compartí alguna charla con la versión más joven y llena de rulos de Pancho Santolo. Quiero saber más de muchas cosas, quiero seguir conociendo personas brillantes y haciendo las cosas que me gustan.

Uno de mis principales descubrimientos de este año es el de pensar con una perspectiva de múltiples futuros. En uno de ellos soy director del diario en el que trabajo, en otro me despiden, en otro logro vivir del mis obras independientes, en otro muero pronto, en otro mi proyecto de figuritas tiene éxito, en otro sigo viviendo por miles de años en un metaverso. Creo que lo importante es intentar no cerrar las puertas a las posibilidades que me entusiasman.

Rodeado de stickers en el baño
de Casa Brandon

Una respuesta a “Múltiples futuros”

  1. Cuando era niño, mis padres tenían una especie de cuenta corriente en una librería y yo estaba habilitado para sacar cosas para la escuela. En la ambigüedad de las reglas, saque cientos de paquetes de figuritas, llené álbumes y gané pelotas número 5. Deben haber sido las pelotas más caras que pagaron mis padres. Si es que le pagaron a la librería. Ya no puedo preguntarles si lo hicieron. Fue un absurdo.

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