Primavera Cero

La semana comienza con el casamiento de uno de mis primos. Los atuendos me hacían pensar que estábamos dentro de la diégesis de la película El Padrino. Hacía mucho que no iba a una iglesia. La verdad que fue una ceremonia muy agradable y algunas canciones son muy pegadizas. Luego pasarían tantas cosas esta semana, que no sé bien cuales elegir para contar.

Casamiento de Esteban y Mai

Mi familia materna es católica. Yo de chico pasaba mucho tiempo con mi abuela Memi. Una vez le pedí una cruz para colgarme, al igual que la que usaba ella. A la noche, cuando volví a casa mi papá me hizo sacármela. Para mí, a esa edad, era más que nada un juego. A mí me parece tan extraño que exista un dios como que no exista ninguno. Me divierte pensar que soy un descendiente lejano del dios griego Hermes y que tal vez Jesús es amigo de los extraterrestres.

Yo con mi abuela Memi, en el 2018

Como hace poco tuve una crisis de ansiedad y el médico me recomendó estar acompañado, mi papá me vino a buscar para pasar parte de la semana con él. El martes lo acompaño al campus de la Universidad de San Miguel, que es muy agradable. Cuando entro a la librería justo se está terminando una conversación sobre inteligencia artificial y juguetes sexuales. Paso una hermosa tarde de primavera allí. Me gusta creer que es mi primavera cero, el comienzo de una nueva etapa.

Campus de la Universidad de General Sarmiento, Buenos Aires

Uno de los focos de atención estos días es las toma de varios colegios secundarios de la Ciudad de Buenos Aires por parte de sus estudiantes para reclamar por la pésima calidad de la comida que les dan y por las pasantías laborales obligatorias. La ministra de educación se queja de que circulan manuales sobre como tomar escuelas (me encantaría tener uno de esos), se queja de que las tomas sean políticas, se queja de que los estudiantes no acepten ser esclavizados sin hacer algo de barullo. Me da miedo la Argentina del futuro sea un país de esclavos. ¿O acaso en gran parte no lo es ya?

Le pregunto a mi amigo Kestel qué onda con la tomas del colegio de sus hijxs y me manda una foto: chicas y chicos de primaria volviendo de campamento que se encuentran con sus compañerxs de secundaria tomando la escuela y con les periodistas de medios masivos cubriendo el evento.

Toma del Colegio Lengüitas, Ciudad de Buenos Aires

Le ofrezco a Kestel que, si a sus hijxs les interesa, me encantaría formarlos en periodismo (como si yo supiera tanto). Recuerdo que a León ya le gusta mucho sacar fotos y creo que Felipe sería un genial cronista gastronómico. Me imagino una red de periodistas independientes que cubra todos los ámbitos, incluso la escuela primara y secundaria.

León y Felipe

El miércoles mi abuela Memi cumple 88 años y no puedo ir al festejo por temas de distancia y de logística. Le mando un video saludándola pero me doy cuenta de que, como padece enfermedad de Alzheimer en un estado muy avanzado, no tiene mucho sentido. Entonces le mando otro video solo con gestos: la saludo, le mando besos, miro a cámara. Me dicen que al verlo sonrió.

Durante estos días, me llama mucho la atención que mi papá protesta contra cada peatón y automovilista que hace algo incorrecto. Parece ser una especie de deporte. Una noche mientras volvemos a su casa, el semáforo se pone en verde y una familia recién empieza a cruza la avenida de una forma imprudente. La madre y su hija se apuran, sabiendo que están en falta, pero al señor no le importa demorar el tránsito y camina despacito. Des-pa-cito… Mi papá entonces acelera el auto y lo atropella.

No, mentira. No lo atropella. Pero a través de la ventanilla le protesta al tipito por su desconsideración. Cuando finalmente podemos avanzar y doblamos la esquina, el hombre saca un revolver y comienza a dispararnos. Un disparo le vuela la cabeza a mi papá. La sangre y parte del cerebro enchastran el parabrisas.

No, mentira. No pasó nada. Sin embargo, podría haber pasado eso. En Argentina es verosímil que un automovilista atropelle a propósito a alguien solo por la ira de una discusión (de hecho hace poco pasó algo parecido en Buenos Aires) y es verosímil también que alguien dispare a otro solo porque le habló mal. Recuerdo la película Relatos Salvajes, del crack Damián Szifron.

Me gusta pensar que el periodismo cinematográfico es en parte un crónica de lo verosímil, de la imaginación, de lo que creemos que puede ocurrir, aunque no suceda.

Mi papá en su oficina de la UNGS

Como estoy con licencia médica, no pude ir esta semana al trabajo en el diario, pero me llega una hermosa foto del equipo de video de Clarín, porque una compañera nos deja para seguir su propia aventura en España. Como en cualquier foto posada, están mirando a la cámara, pero yo me imagino que me están mirando y sonriendo a mí. Somos un equipo alegre. Me gustaría seguir trabajando con todxs ellxs siempre.

Parte del equipo de video de Clarín

Sigo pensando en el trabajo esclavo obligatorio para adolescentes de escuelas públicas. Se me ocurre abrir una empresa, dónde todos ellos puedan venir a hacer su pasantía. La modalidad del trabajo sería de forma remota y mi única indicación sería que hagan lo que quieran.

Deja un comentario