Cuando publiqué el antiguo post, empecé a sentir miedo. ¿Por qué?
Supongo que pensé que podía traerme algún tipo de problema en el trabajo que no había intuido al momento de escribir. Aunque por otro lado me parecía algo lindo y también pensé que lo que decía podía ser de valor para alguna otra persona. O al menos, para la versión futura de mí mismo.
Por suerte recibí feedbacks interesantes en esta idea que tengo de ir acercándome de a poco al periodismo. Una lectora exigente me comparó con dos periodistas prestigiosxs. Y una lectora artística se dio cuenta que mi escritura solo podía ser desarrollada por un editor de cine.
Por otro lado, muchxs me hablaron de calidez y amor. Y creo que son pilares importantes para la comunicación en estos tiempos plagados de odio.
El feedback es una devolución. Es alimentar de vuelta, sembrar de vuelta, devolver la pelota.
También comprobé que para jugar al teléfono descompuesto basta con que haya solo dos personas:

Mi mamá es profesora de filosofía y atea, mi papá es profesor de filosofía y agnóstico. Me aman y sin embargo, la comunicación que entablaron entre sí me resultó bastante violenta. Yo sufría mucho y ellxs también. Me gusta pensar que en parte soy hijx de esa ira.
Esta comunicación me hizo percibir muchos tonos en la paleta de la violencia. Y me dejó en claro que no quiero contribuir a ella en nada. También me dejó en claro como un hecho simbólico puede tener consecuencias físicas.
Desde mucho tiempo que trabajo en comunicación, pero pocas veces me detuve a pensar en ella. Me interesaría contribuir para construir una comunicación colaborativa, suave y amorosa en todas las direcciones. Dicen que una imagen vale más que mil palabras. ¿Entonces una película cuánto vale?
A lo largo del tiempo desarrollé muchos proyectos. Algunos exitosos y otros que no continuaron. A uno de ellos lo llamé La Película con Todxs. Mi idea era hacer una película con todxs aquellos que quisieran participar en ella.
Era como una serie de videos cortos para redes y cada capítulo era una interacción en alguna red social. Mi idea era que cada vez se vaya sumando más gente, todxs los que quisieran, y finalmente concretar una película.
Lo realizamos durante la pandemia, cuando la distancia social era un obstáculo que intentábamos sortear, como tantxs otrxs. Sin embargo, fuimos perdiendo el rumbo y la energía. Pero últimamente me pregunté, ¿acaso alguien habrá continuado ese proyecto sin que yo lo sepa?

Desde mi último post, me pasaron cosas inesperadas. Se contactó conmigo el descendiente de un luchador argentino de apellido armenio, viajé unos instantes en el tiempo, salí corriendo de un tren y, sin embargo, una pregunta me resuena desde que empecé a escribir este blog y supongo que también queda abierta para muchxs. ¿Qué significa el atentado a la vicepresidenta?
¿Fue un crimen organizado, fue una puesta en escena o fue un milagro?
Yo elijo creer que son las 3. ¿Vos qué pensás?

Tengo muchas preguntas sobre comunicación y el teléfono descompuesto: ¿Cuánta distancia hay entre las preguntas de Sócrates y lo que narran sus discípulos? ¿Qué hubiera pasado si el Jesús escribía su propia Biblia? ¿Cuántas personas hay en el medio entre el presente y la historia de aquellos señores?

Por otro lado, cada vez hay más personas con las que me dan ganas de tomarme un cafecito y no tengo tiempo. Entonces el periodismo cinematográfico también nace de la necesidad de comunicarme con muchas personas, lo más rápido que pueda.
Me gusta pensar que Jacinta White dirige un diario porque es una persona muy curiosa, que tiene muchos amigxs y que no le importa ir en búsqueda del conocimiento porque se presenta sola.
¿Si tuvieras que nombrar a esta nueva era, que nace con internet qué nombre elegirías?
Be kind, rewind.
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